
Un jardín de lata, goma de auto y perro muerto.
Agonizan paupérrimas fogatas. Cerrazón y humo fétido.
Zapatillas dispares sortean charcos espesos.
Oxidado tras un chasis encallado, se degrada el sol
en ocres del ocaso.
Revuelve. Busca al boleo.
Las pisadas, crujen inestables en el vaciadero.
Pájaros infernales lo vigilan.
Sus tripas mutantes digieren desperdicios.
En el promontorio, roncas palas mecánicas
sepultan pestilencias citadinas.
El pibe ríe y mira
como corta su vida la raya del tétano.

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